Història de l’Homeopatia a Catalunya. Fundació de l’AMHB.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

“Noticias históricas sobre la Homeopatía en Cataluña”

Por la Dra. Inmaculada González-Carbajal García, Presidenta de la Federación Española de Médicos Homeópatas. Presidenta de la Academia de Homeopatía de Asturias

Ponencia presentada en el marco del IV Congreso Nacional de Homeopatía de Barcelona (junio 2010) y basado en el libro La Homeopatía en España, cien años de Historia, publicado por la FEMH.

Inicios

La historia de la homeopatía en Cataluña tiene una referencia fundamental que marca un antes y un después: la creación de la Academia Médico Homeopática de Barcelona en 1890. Anteriormente a esa fecha la práctica de la homeopatía tuvo un carácter disperso porque no hubo una agrupación de médicos que trabajara conjuntamente por su expansión. Destacados profesionales la aplicaron y la defendieron en contextos diversos pero la falta de un carácter corporativo contribuyó a un cierto aislamiento y una menor expansión de la misma. Este hecho nos llama la atención ya que Cataluña tuvo muy pronto noticias de la existencia de esta terapéutica por varias vías y enseguida hubo médicos que la incorporaron a su práctica, sin embargo no mostraron ningún interés por agruparse. Esta situación condicionó su desarrollo y expansión en las décadas centrales del siglo XIX.

Mientras que la Sociedad Hahnemanniana Matritense nace en 1845 y hasta finales del siglo XIX Madrid es el foco fundamental de irradiación de la homeopatía, Cataluña en general y Barcelona en particular, no serán referente en la homeopatía española hasta finales del siglo, cuando la sociedad matritense empezó a languidecer, momento en el que la recién creada Academia de Barcelona recoge el testigo de la homeopatía en España.

Entre las posibles razones que pueden explicar este hecho encontramos factores tales como el carácter aislado de la práctica homeopática, la ausencia de un líder que aglutinara en su entorno a los médicos homeópatas, y algo importante, la homeopatía en Cataluña no tuvo que enfrentarse al rechazo tan enconado que sufrió en Madrid, situación ésta que favoreció el agrupamiento de los homeópatas para formar un frente de defensa ante los ataques de los alópatas.

La historia previa a la creación de la Academia Médico Homeopática de Barcelona se circunscribe a los hechos individuales y a los acontecimientos personales de quienes se dedicaron a esta medicina durante este período. Si bien, en este período despuntaron médicos de gran relevancia como Francisco Folch, que fue comisionado por el Gobierno en 1831 para ir a Viena a estudiar el cólera y su tratamiento. Allí conoció la homeopatía de mano de los doctores Rapou de Lyon, quienes le convencieron de la eficacia de la nueva doctrina.

En los inicios de la homeopatía en Cataluña encontramos tres focos de asentamiento: Igualada, Mataró y Barcelona. En Mataró destaca entre otros Cayetano Cruxent y en Barcelona encontramos a Félix Janer Bertrán, catedrático de Clínica Médica en Madrid que conoció la homeopatía como paciente del Dr. Núñez, posteriormente ingresó en la Sociedad Hahnemanniana Matritense y defendió la homeopatía en 1848 como Consejero Real de Instrucción Pública, emitiendo su voto a favor de la demanda de una clínica y cátedra homeopática. Otros médicos destacados en Barcelona fueron José Ricart y Vima, Manuel Moragás, Ramón Miquel, Salvio Almató, Cristobal Sirarol, Raimundo Alfonso, José Nogué y Roca, Manuel Soler y Juan Sanllehy Metges. Este último tiene un papel destacado en la fundación de la Academia de Barcelona. Conoció la homeopatía a través del Dr. Janer, quien provocó el interés en el joven por la nueva terapéutica. Sanllehy no sólo se dedicó a la homeopatía en la práctica clínica sino que también tradujo textos fundamentales para su formación y posteriormente escribió también varios libros. En 1850 publicó una revista homeopática llamada Revista de la doctrina Médica homeopática que se editó durante dos años.

En 1854 sobrevino la epidemia de cólera más intensa que se produjo en este siglo. El Dr. Sanllehy atendió a los enfermos con medicamentos homeopáticos y ofreció sus servicios gratuitos al Gobernador de Barcelona, años más tarde tuvo su recompensa por este gesto al recibir la cruz de Isabel la Católica y más tarde la de Comendador de Carlos III.

 Antecedentes de la Academia Médico Homeopática de Barcelona

La creación de una asociación de médicos homeópatas en Cataluña tuvo una dinámica diferente a la de otros lugares de España en los que el grupo surgió como respuesta al imperativo de tener que defenderse de los ataques de la medicina oficial. Los médicos catalanes que la practicaban estaban vinculados con algunas de las asociaciones que había en Madrid, la Sociedad Hahnemanniana Matritense o la Academia Homeopática Española. Si bien, aunque no existía una asociación en Cataluña, los homeópatas se reunían todos los años para celebrar el nacimiento de Hahnemann. Estos encuentros esporádicos alimentaron con el tiempo, la necesidad de formar un grupo más definido.

En 1883 hubo un primer intento de crear una Academia pero aquella primera iniciativa no consolidó. Años más tarde, en 1888, el Dr. Anastasio García López, uno de los homeópatas más destacados del siglo XIX, viajó a Barcelona y provocó un encuentro con los colegas catalanes. En dicho encuentro el Dr. García López les recomendó que se unieran y fundaran una Academia. Por entonces la homeopatía en Madrid estaba en una fase de declive y la propuesta de García López les llegó en el momento apropiado para sus ánimos. Entonces mismo decidieron formar una comisión para hacer todos los trámites necesarios para la fundación de la Academia. Todavía hubo un proceso de más de un año en el que hubo también otro encuentro definitivo entre el Dr. Tomás Pellicer y el Dr. Juan Sanllehy en el Congreso Internacional de París en 1889. El médico madrileño le dijo sin más rodeos que todo estaba perdido en Madrid y que sólo él, Sanllehy, podía revitalizar la homeopatía si lograba fundar en Barcelona una asociación que se convirtiera en el baluarte de la medicina hahnemanniana, impidiendo así que esta terapéutica desapareciera de nuestro país[1]. Esta recomendación de Pellicer fue definitiva para Sanllehy al punto de que cuando regresó a Barcelona convocó a todos los homeópatas en una reunión en la que se sentaron las bases de la futura corporación: la Academia Médico Homeopática de Barcelona.

La homeopatía en Barcelona hasta 1936

El 21 de junio de 1890 se fundó la Academia Médico Homeopática de Barcelona y en el año siguiente se puso en marcha un dispensario para atender con homeopatía a los enfermos sin recursos. Práctica habitual en la medicina decimonónica en la que no había una cobertura social que garantizara la atención sanitaria. En 1894 el Dr. Ricart consiguió también que se abriera un consultorio homeopático público y gratuíto en el Institut del Desert de Sarriá, un asilo para artesanos y obreros de industrias manufactureras.

En la última década del siglo XIX la Academia de Barcelona fue una institución muy activa y representó a la homeopatía española en diversos ámbitos internacionales. La institución catalana fue creciendo progresivamente y en 1899 tenía delegados en 16 provincias. En el año 1900 los homeópatas catalanes dirigieron una solicitud al Gobierno para el reconocimiento oficial de esta terapéutica pidiendo que en todos los hospitales hubiera salas en las que pudiera aplicarse la homeopatía, que se abrieran dispensarios y se creasen cátedras para la enseñanza de esta terapéutica, en definitiva que se declarase oficial. Esta petición no tuvo mayor trascendencia.

En 1901 los homeópatas catalanes se hicieron cargo del Hospital del Niño Dios, sostenido por la caridad pública y atendido por la Hermanas Terciarias Franciscanas.

En estos primeros años del siglo XX la homeopatía en Cataluña vivió una fase de apogeo al punto de ser considerada entonces como una de las colectividades con mayor dinamismo en el mundo homeopático del momento. Sin embargo, en 1904 se produjo una división entre los homeópatas catalanes que dio lugar a la creación del Instituto Homeópata de Barcelona. Sobre este hecho de la historia de la homeopatía en Cataluña hay que decir que los homeópatas catalanes mostraron una mayor cohesión que sus homólogos madrileños. No hubo entre ellos tanta discusiones ni protagonizaron enfrentamientos tan enconados, pero tampoco se libraron de divisiones, aunque éstas no tuvieron tanta trascendencia como algunas que se produjeron en la Sociedad Matritense. Las luchas intestinas entre los homeópatas no salieron a la luz pública ni se publicaron libelos con tal objetivo, pero también hubo escisiones, una de las más importantes se materializó en la creación de este Instituto Homeópata de Barcelona por parte de algunos médicos que no estaban de acuerdo con el criterio mayoritario de la Academia. Los socios de la nueva formación manifestaban tener una actitud más abierta a la incorporación de cuantos adelantos aportaban en aquellos momentos otras ramas de la ciencia como la biología, la física y la química. Coherentes con estas ideas proyectaron crear un laboratorio de análisis y de histología así como un servicio de Rayos X para incorporar a las historias clínicas otros medios. En el fondo las diferencias entre los dos grupos de homeópatas no eran tan graves de modo que había médicos que pertenecían a las dos asociaciones. En 1913 este grupo de nuevo se sumó al de la Academia fusionando las publicaciones periódicas de cada entidad en una sola, la Revista de Homeopatía Práctica.

La nueva Academia que renace de esta unión no sólo consolidó su papel de representante de la homeopatía española en el ámbito internacional sino que también se convirtió en el vínculo de la unión hispanoamericana a través de las relaciones que se crearon con corporaciones homeopáticas de otros países. En este sentido hay que destacar la labor de Augusto Vinyals que fue uno de los que mostró mayor interés en crear estas relaciones.

En 1923 la Academia Médico Homeopática de Barcelona asumió el compromiso de celebrar en el año siguiente el Congreso Homeopático Internacional que fue el primero que se celebró en España y tuvo lugar en Barcelona en septiembre de 1924. La organización de dicho Congreso es una muestra de la vitalidad que tenía en aquellos momentos la Academia de Barcelona. Hasta 1928 el grupo mantiene un ritmo de actividades que después de esta fecha va decayendo. Una muestra de ello es que su periódico dejó de publicarse. Hasta 1936 tenemos pocas noticias de la vida de la Academia. Dos factores hay que tener en cuenta en este hecho, por un lado que algunos de los homeópatas más destacados de la Academia habían fallecido y no había un relevo generacional, por otro lado la interrupción en la publicación de su revista que hace que tengamos un vacío documental sobre la vida de la corporación en estos años, si bien por algunos testimonios del propio Vinyals parece que de nuevo había en la Academia un ambiente de división.

Papel de la Academia de Barcelona en la homeopatía española del período (1890-1936)

Un hecho importante que hay que destacar es que la Academia se creó en un momento de mayor tranquilidad para la homeopatía porque no había entonces una situación de rechazo como la que vivieron los homeópatas madrileños. Mientras que la Sociedad Hahnemanniana Matritense se creó desde un planteamiento de defensa ante los ataques que sufría la terapéutica hahnemanniana, la Academia surgió en un momento en el que no existía ningún ataque por parte de la medicina oficial motivo por el que la Academia mantuvo buenas relaciones con otras corporaciones médicas del momento. Desde esta perspectiva hay que señalar que una parte de la actividad de los homeópatas de la primera fase del siglo XIX estaba enfocada a defenderse del fuerte rechazo que mantenían insignes representantes de la medicina oficial. Esta situación no se produjo en el caso de Barcelona.

La Academia mantuvo relaciones con otros grupos de homeópatas tanto en el ámbito nacional como internacional, y estuvo presente de forma habitual en los Congresos Internacionales de Homeopatía.

La Academia tuvo también un importante papel en la creación de la Liga Hispano Americana de Homeopatía ya que algunos de sus socios apostaron por un organismo internacional que cobijara a todos los homeópatas de habla hispana y Barcelona fue la sede de su fundación.

El interés de la Academia por relacionarse con otros homeópatas también se manifestó en el ámbito nacional. Algunos homeópatas catalanes apostaron por la reunión y reorganización de los homeópatas madrileños. Augusto Vinyals fue uno de los que mostró mayor entusiasmo para que los médicos de Madrid hiciesen resurgir de nuevo la Sociedad Hahnemanniana Matritense. Su intención iba más allá, ya que su propuesta era que en aquellas provincias donde había un número suficiente de homeópatas, se formasen grupos para luego crear con todos ellos una federación nacional de asociaciones homeopáticas. Federación que como todos sabemos, se creó en la segunda etapa de la homeopatía española, en 1991 y en cuya génesis también estuvo presente la Academia de Barcelona. En aquellos momentos, y pese a todo el entusiasmo y los esfuerzos para reunir a los homeópatas españoles en una única corporación, no se llegó a crear ninguna asociación.

En los años previos al estallido de la guerra civil la Academia de Barcelona se fue diluyendo en el panorama homeopático. A partir de 1929 desapareció su revista, sus actividades se redujeron notablemente y sólo podemos seguir el curso de las mismas a través de las publicaciones de la Liga Hispano Americana.

Según avanzaba la década de los treinta del siglo XX la homeopatía no lograba consolidar su posición en el contexto general de la medicina. Pese al congreso celebrado en Madrid en 1933, pese a los esfuerzos de un grupo de homeópatas empeñados en dar vida a la Liga Hispano Americana, la homeopatía tenía cada día menos vigor y uno de los motivos fundamentales es que no había un relevo generacional que renovara con entusiasmo a los médicos más veteranos. Esta situación particular de la homeopatía se desarrollaba en un contexto general de cambios políticos y de malestar social. El estallido de la guerra civil fue el golpe de gracia para una medicina que estaba en aquellos momentos gravemente afectada. Pero si bien la homeopatía perdió el hilo conductor de su tradición y su vínculo de continuidad con el pasado, al final de los años setenta y en el marco general de la situación social y política que tuvo lugar durante la transición, se crearon las condiciones favorables para el contacto con nuevos enfoques terapéuticos. En el proceso de renacimiento de la homeopatía que tuvo lugar entonces, también hemos de destacar el importante papel de la Academia de Barcelona, que fue pionera de la enseñanza de esta terapéutica a los médicos que en aquellos momentos se interesaban por ella, convirtiéndose de este modo, en un referente fundamental para acceder al conocimiento y la formación en la terapéutica hahnemanniana.

Esta Academia tiene una larga historia y un papel destacado en la homeopatía actual.

En el marco de este Congreso Nacional en el que las tres instituciones homeopáticas nos encontramos para hablar de lo que nos une, quiero dar las gracias a la Academia Médico Homeopática de Barcelona, de la que una gran mayoría de los homeópatas actuales, somos deudores en nuestra formación.

 

[1] Revista Homeopática, I (1890). Madrid. P. 335