Historia de la Homeopatia Veterinaria a España

LA HOMEOPATÍA VETERINARIA EN ESPAÑA DESDE EL BOLETÍN DE VETERINARIA DE LA SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS

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Begoña Bermell Calas.

Grupo Suma Veterinario: Medicina Natural.
Valencia, 2014.

INTRODUCCIÓN

Presento este trabajo de investigación sobre el Boletín de Veterinaria de la Sociedad de Socorros Mutuos como fiel reflejo de la Medicina Veterinaria de aquel momento (s.XIX). Debido a la escasa bibliografía a nuestro alcance, para poder acercarnos a los orígenes de la Homeopatía veterinaria hemos de aproximarnos a ella a través de este Boletín de Veterinaria que fue determinante para la profesión veterinaria.

 

LA HOMEOPATÍA VETERINARIA EN ESPAÑA DESDE EL BOLETÍN DE VETERINARIA DE LA SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS

La Sociedad de Socorros Mutuos (1845) es la primera asociación de previsión social creada por los veterinarios para sí y para sus familiares. Como toda sociedad, poseía de un periódico oficial informativo al que llamaron Boletín de Veterinaria, primer periódico profesional veterinario de España. Fue creado por José María de Estarrona y Sanmartin, Catedrático de Materia Médica de la Escuela de Veterinaria de Madrid y secretario de la Comisión Central de Gobierno de la Sociedad. Tras su muerte, Nicolás Casas y Guillermo Sampedro, también catedráticos de la Escuela de Madrid, se comprometieron a continuar con la redacción del Boletín de Veterinaria.

 

Figura 1 Ejemplar del Boletín de Veterinaria

Figura 1 Ejemplar del Boletín de Veterinaria

Nicolás Casas de Mendoza (1801-1872), fue el visir de la medicina veterinaria, se le considera como el gran reformador de la veterinaria del siglo XIX y aún hoy, perdura la influencia de sus ideas reformadoras. Por tanto, fue un personaje muy influyente y determinante entre los veterinarios de su época. Sus ideas y opiniones eran plasmadas y difundidas en el Boletín.

El Boletín de Veterinaria tenía como objetivo la difusión de las novedades científicas del momento, era el único medio en que se actualizaba la medicina veterinaria de la época y se mantenía al corriente de los nuevos descubrimientos. Una de las novedades del momento fue la aparición de la nueva terapéutica alemana por lo que fue objeto de su análisis y reflexión.

La homeopatía fue acogida por el boletín con interés, cierta perplejidad y dudosa credibilidad en un principio. Los sugerentes títulos de los primeros artículos escritos por los redactores: Chismografía, Polvareda científica; hacían sospechar de su posicionamiento frente a la nueva doctrina. En julio de 1847 se publicó el primer caso de “curación con arsénico del arestín de una mula” por el médico homeópata Pedro Domingo García bajo el título de Homeopatía. (Casas, 1843).
Este periódico sirvió como escaparate homeopático donde algunos homeópatas con el propósito de estimular a los profesionales a acercase a este nuevo método terapéutico, hacían públicos los resultados exitosos de sus casos en veterinaria destacando a D. Anselmo Alonso Pardo y a D. Francisco Regidor (Casas, 1843).
A partir del caso publicado de D. Anselmo Pardo, Nicolás Casas se empezó a cuestionar la base científica de la homeopatía, la puso en duda pero decidió no revocarla hasta no haberla estudiado en profundidad, convirtiéndose el Boletín en un pequeño manual de Homeopatía donde se divulgaron las bases y principios de esta doctrina desde enero hasta marzo de 1848. Se publicaron artículos en los que se hablaba del origen de la homeopatía, sus bases, la elección del remedio, la repetición de las dosis, la preparación de remedios homeopáticos, su administración en procesos agudos y crónicos y también hacía referencia a las “cosas que influyen en la eficacia de las débiles dosis homeopáticas” (Casas, 1843).

Figura 2. Ejemplar de la Gaceta Homeopática.

Figura 2. Ejemplar de la Gaceta Homeopática.

El Boletín hizo público el debate científico entre Nicolás Casas y los redactores de la Gaceta Homeopática, revista homeopática de la época, iniciado por los redactores de ésta última en respuesta a las comunicaciones que sobre homeopatía hacia Casas en el Boletín. Se inician así un ir y venir de críticas en ambas direcciones, sincerándose Casas, admitiendo que ignoraba la homeopatía pero que su objetivo era buscar la verdad y que para ello necesitaba pruebas y datos, que si se le demostraba con hechos fisiológicos él la aceptaría, pero siempre caminando bajo conocimiento de causa. Las discusiones científicas entre ambos periódicos fueron hechas públicas en varios boletines hasta que Casas decide interrumpir dicha batalla y dedicarse a realizar un análisis exhaustivo para rebatir esta doctrina a la que consideró un dogma y a sus seguidores los llamó sectarios y obcecados (Casas, 1843).

 

Una vez ya explicadas las bases y principios de la homeopatía se inició en abril de 1848 hasta febrero de 1852 un amplio análisis crítico de ella, bajo el título de “Refutación a la doctrina homeopática” dejando muy clara la oposición de los redactores del Boletín a la Homeopatía (Casas, 1843).

Por tanto, el Boletín sirvió para darla a conocer pero luego la sometió a un bombardeo de críticas que no favorecieron en ningún momento su difusión. Más bien, propiciaba el rechazo hacía ella (Casas, 1843).

Nicolás Casas emitió duras críticas contra la homeopatía con un estilo perspicaz e irónico considerando su fundamento como imaginario, poco fisiológico, contrario a las leyes inmutables de la vida, asegurando que desecha todo lo que la ciencia ha descubierto en la historia, que no conoce la enfermedad, ponía del revés a la ciencia y que consideraba que la curaciones homeopáticas sucedían por acción de la propia naturaleza y evolución de la enfermedad. La consideró como repugnante e incoherente. La sentenció diciendo que caería en el olvido y nunca se utilizaría como un método único y general de medicina. Incluso hablaba irónicamente de Hahnemann como el nuevo Mesías (Casas, 1843).

Figura 3. Samuel Hahnemann.

Figura 3. Samuel Hahnemann.

Un ejemplo de su actitud frente a ella es el artículo titulado “Indigestión homeopática acompañada de vómitos y desorden cerebral originada por un elixir alopático”, en él describía a la homeopatía como una enfermedad que tuvo su foco en Alemania y se extendió por el mundo como un virus, compadeciéndose además, por los afectados por ella (Casas, 1843).

Paralelamente a todo este ataque, Nicolás Casas publica dos importantes obras sobre medicina veterinaria homeopática, junto con el veterinario Miguel Marzo, llamadas “Tratado completo de medicina veterinaria homeopática” que era una traducción comentada del libro de Gunther (Briones, 1984).

El veterinario homeópata Miguel Marzo destacó en la época por la realización de un ensayo que fue patrocinado en 1843 por Don Francisco Javier Arias Dávila Matheu, conde de Puñonrostro. El conde de Puñonrostro fue un defensor destacado de la homeopatía en este ámbito palaciego y contribuyó a experimentar la homeopatía en el campo de la veterinaria. Patrocinó un ensayo para comprobar la efectividad de los medicamentos homeopáticos. Se dividió el ganado en tres secciones, dos de ellas fueron atendidas por alópatas y una por Marzo. Los resultados fueron favorables al grupo tratado con homeopatía, se redujo la mortalidad y el gasto farmacéutico. Pero esta situación no fue bien acogida por los alópatas y cuando el conde cesó en su puesto se redujo el uso de la homeopatía (González-Carbajal, 2004).

Figura 4. Ejemplar del Tratado Completo de Medicina Homeopática Veterinaria de Gunther. perteneciente a la biblioteca de la Fundación Homeopática de San José.

Figura 4. Ejemplar del Tratado Completo de Medicina Homeopática Veterinaria de Gunther. perteneciente a la biblioteca de la Fundación Homeopática de San José.

 

Figura 5. Ejemplar de Médicine Vétérinaire Homoeopathique de Gunther.perteneciente a la biblioteca de la UCO.

Figura 5. Ejemplar de Médicine Vétérinaire Homoeopathique de Gunther.perteneciente a la biblioteca de la UCO.

En el boletín se hacía publicidad de la Librería extranjera científica y literaria de Carlos Bailly-Bailliere, en ella anunciaban las novedades del momento entre ellas habían textos de homeopatía como “El tratado práctico de la terapéutica homeopática de las enfermedades agudas y crónicas” por el Dr. Hartmann, la “Agenda de Bolsillo” para uso de médicos (alópatas y homeópatas), cirujanos, farmacéuticos y veterinarios, “Los lados del cuerpo, como también las afinidades de los medicamentos, estudios homeopáticos” por el Dr. Boenninghausen, “la Botica o Repertorio general de Farmacia práctica”, que incluye farmacopea homeopática (Casas, 1843).

Pero sin embargo es curioso que a pesar de los ataques de Casas en seis artículos del apartado Terapéutica y Materia Médica del tomo 7 del Boletín (1851) se hablaba de medicamentos irritantes, alterantes, antiflogísticos y sustitutivos teniendo en cuenta la visión homeopática de estos fármacos (Casas, 1851).

En febrero de 1852 Casas afirmaba: “…únicamente quedan como diciendo ser homeópatas los obcecados, los que con segunda intención casi verdaderamente especuladora la ejercen o los que no son capaces de practicar la verdadera medicina…”. Así se despidieron los redactores de este periódico de la homeopatía, no iban a hablar más de ella, pues querían dejar a un lado la magia, los sortilegios, los cuentos de viejas y la ridícula farsa llamada Homeopatía (Casas, 1852).

Después de tres años de silencio homeopático en el Boletín, D. José Quiroga reinició los ataques a la homeopatía partir de la publicación de la obra “Examen crítico comparativo de las doctrinas médicas homeopática y alopática” de Miguel Marzo. Se estableció de nuevo un debate científico entre D. José Quiroga y Martin Grande en oposición a Miguel Marzo se hacían públicas las respuestas en forma de cartas a la redacción del periódico (Casas, 1855).

Finalmente en septiembre del 1857 Casas, después de cinco años sin escribir sobre homeopatía, publicó un artículo que tituló ”Uso de materias virulentas del muermo y lamparon contra afecciones del pecho y otras enfermedades” en el que comenta el uso que hacía de estas sustancias el homeópata inglés Wilkinson, continuaba en su línea crítica a la terapéutica alemana dedicándole sus últimas palabras en el Boletín: “El ensueño que antecede es otra de las cosas inventadas por los homeópatas, otro de los singulares, extraordinarios y sorprendentes productos de su imaginación. Cuando ya no se le escucha ni lee, cuando nadie hace caso de ellos, recurren a la fábula, a los cuentos. ¡Pobre medicina!” (Casas, 1857).

 

REMEDIOS HOMEOPÁTICOS DE LA ÉPOCA Y SUS INDICACIONES

Figura 6. Botiquín homeopático del s.XIX

Figura 6. Botiquín homeopático del s.XIX

De los más de dos mil quinientos remedios homeopáticos que se conocen actualmente en el 1850 en veterinaria sólo se utilizaban aproximadamente ciento ochenta y nueve remedios. Se conocían más pero sólo se utilizaban de los que se conocía claramente su patogenesia (Gunther, 1850).
Las plantas debían recogerse durante la eflorescencia, se lavaban, se cortaban a pedazos pequeños y se reducían en un mortero a una especie de pasta. Se recogía el jugo y se mezclaba con la misma cantidad de alcohol, a las 24 horas el jugo decantado se utilizaba como medicina. Las sustancias secas de las plantas se trituraban, se vertía encima la cantidad necesaria de alcohol y a los 4-6 días se decantaba el líquido. Las sustancias animales se trataban de la misma manera. En cuanto a los metales se disolvían en ácidos o se trituraban (Gunther, 1850).
De aquí se obtenían las materias primas que en el caso de las plantas eran las Tinturas Madre a partir de aquí se procedía a realizar las diluciones o atenuaciones, como en la época las llamaban (Gunther, 1850).

Remedios homeopáticos en gránulos de 1887.

Remedios homeopáticos en gránulos de 1887.

La preparación de los remedios homeopáticos era muy parecida a la actual, sorprendentemente no ha variado mucho, la esencia de su preparación sigue siendo la misma pero ahora las diluciones se hacen mecánicamente. Se utilizaban como vehículos de las sustancias primas alcohol, azúcar de leche, agua pura, glóbulos de azúcar, almidón y éter.

La preparación y conservación de estos remedios se realizaba de la forma más pura posible, de forma que no hubiera olores ni sabores que pudieran alterarlos, en un lugar oscuro y fresco. Para manipularlos únicamente se podían utilizar recipientes de cristal de roca, vidrio, mármol o asta. Una vez finalizada su elaboración tenían que ser conservados en frascos de cristal con tapón de corcho (Gunther, 1850).

Las preparaciones homeopáticas se administraban muchas veces en forma de polvo pero como las dosis, muchas veces eran infinitamente pequeñas, se preparaban en glóbulos de azúcar y almidón que se impregnaban del remedio en forma líquida (Gunther, 1850).
La forma de administración fundamentalmente era vía oral, se usaba el remedio en forma líquida o en seco, la dosis correspondiente se ponía en una oblea blanca y se colocaba en la lengua del animal, a falta de oblea se depositaba en un pedacito de pan o se diluía en agua. También había remedios que se administraban de forma tópica (Gunther, 1850).

Del primer remedio del que se habló en el Boletín de Veterinaria fue del Azufre seguido del Arsénico ambos se utilizaron para tratar a una mula que padecía arestín por el veterinario D. Pedro Domingo García, este fue el primer caso tratado con homeopatía que aparece en el Boletín (Casas, 1843).

 

EJEMPLOS DE TRATAMIENTOS HOMEOPÁTICOS PUBLICADOS EN EL BOLETIN DE VETERINARIA DE LA SOCIEDAD DE SOCORROS MUTUOS

Caballo de pura raza española de la Real Yeguada

Caballo de pura raza española de la Real Yeguada

Caso 1
Este fue el primer caso que se envía al Boletín en el que se utilizaban remedios homeopáticos, fue enviado por el veterinario D. Pedro Domingo García. Se trataba del caso de una mula que presenta arestín. El arestín era considerado una afección con difícil tratamiento, en aquella época se trataba con vitriolo azul o Sulfato de cobre en solución en el agua en lociones, en inyecciones o en baños. Además se adoptaban medidas higiénicas en la cuadra y en la cama del animal, evitando así la humedad y en ocasiones, también se les untaba la extremidad lesionada con manteca (Briones y Nieto, 1851).

Esta mula fue tratada en dos ocasiones con tratamiento alopático sin éxito. El animal presentaba una erupción cutánea en las cañas y cuartillas de las cuatro extremidades con tumefacción y dificultad de movimiento. Se inicia el tratamiento administrándole dos glóbulos de Azufre a la dilución 30ch y aseo diario de la cuadra. Después de un mes no se observa ninguna mejoría. Se procede a la administración de dos glóbulos de Arsénico a la 30ch, a los dos días el animal no se podía mantener de pie, estaba muy dolorido, con gran tumefacción y con escaras costrosas en la piel de las patas. A partir del tercer día el animal empezó a mejorar paulatinamente hasta el día 20 cuando el animal estaba perfecto y no quedaban signos de las lesiones de piel (Casas, 1847).

Caso 2
Enviado por el veterinario D. Anselmo Alonso Pardo. Se trata de un caballo que presentaba cojera por la presencia de vejigas (hinchazones) en la extremidad anterior, además de fiebre y falta de apetito. Estas inflamaciones crónicas los veterinarios de la época las solían tratar con una pomada compuesta por yoduro de mercurio rebajado con manteca para aplicaciones locales. En este caso se le administró tres gotas de la tintura madre de árnica en 3 libras de agua, en la que se humedeció una pequeña miga de pan que le metió en la boca y deglutió. Al día siguiente, se levantó, no tenía fiebre y tenía apetito. Apoyaba la mano sobre la herradura y manifestaba menos dolor, calor e inflamación. Con el paso de los días apareció una supuración abundante por la cara interna de la cuartilla. Como continuaba el derrame sinovial se le volvió a administrar el árnica como el primer día y al mes la extremidad estaba totalmente recuperada (Casas, 1847).

Caso 3
Nicolás Casas comenta bajo el título “Uso de materias virulentas del muermo y el lamparon contra las afecciones del pecho y otras enfermedades” los casos tratados por el homeópata inglés Wilkinson. Explica como Wilkinson obtiene el remedio homeopático a partir de las secreciones virulentas de los animales afectados. A partir de estas secreciones constituye los remedios glandulina y lamparonina, ambos muy eficaces en estas patologías, con mejores resultados que los obtenidos con el tratamiento alopático que consistía en la administración de mercurio, azufre y antimoniales (Casas, 1857).

 

CONCLUSIONES
El Boletín de Veterinaria, periódico oficial de la Sociedad de Socorros Mutuos, fue una revista profesional de amplia difusión entre los veterinarios de la mitad del siglo XIX, época de pleno apogeo de la homeopatía médica en España y que se hizo rápidamente eco de la difusión de la homeopatía en Veterinaria a través de la cabeza y la pluma de su director: Nicolás Casas de Mendoza. Se evidencia la importancia que tuvo la homeopatía en este Boletín por el número elevado de artículos dedicado a la misma (31), siendo la mayor parte (22) escritos por el propio Casas. Las manifestaciones de este afamado profesional de la época son indicativas de la falta de aceptación de la homeopatía por parte del sector profesional, pudiendo resumirse sus alegatos en una la siguiente “Desgraciada enfermedad, dignos de compasión son los individuos atacados”. Su influencia, para con el empleo de la homeopatía en veterinaria, fue claramente negativa, llegando a predecir el fin de la medicina homeopática.
La homeopatía veterinaria fue, por tanto, muy popular a lo largo del siglo pasado y principios del actual pese a ser objeto de grandes controversias, ya que sus efectos terapéuticos eran de lo más variado. Esta doctrina que suscitó gran interés desde sus inicios, cobra hoy gran importancia en la clínica veterinaria convirtiéndose en un sistema terapéutico alternativo o complementario en la actualidad.

 

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